{"id":116,"date":"2021-03-26T21:58:01","date_gmt":"2021-03-26T21:58:01","guid":{"rendered":"http:\/\/www.literariacentro.org\/revista-2o\/?p=116"},"modified":"2022-11-02T05:58:59","modified_gmt":"2022-11-02T05:58:59","slug":"cuando-la-lluvia-termino","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/www.literariacentro.org\/revista-2o\/textos\/cuando-la-lluvia-termino\/","title":{"rendered":"Cuando la lluvia termin\u00f3"},"content":{"rendered":"<div class=\"page\" title=\"Page 2\">\r\n<div class=\"layoutArea\">\r\n<div class=\"column\">\r\n<div class=\"page\" title=\"Page 2\">\r\n<div class=\"layoutArea\">\r\n<div class=\"column\">\r\n<p>&nbsp;<\/p>\r\n<p style=\"text-align: right;\"><span style=\"font-family: 'book antiqua', palatino, serif; font-size: 14pt;\">Por Gabriela Padilla Jim\u00e9nez*<\/span><\/p>\r\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-family: 'book antiqua', palatino, serif; font-size: 14pt;\">Amelia se arrancaba los cabellos de tajo sin emitir sonido alguno de dolor. Dec\u00eda que era algo que ten\u00eda que hacer. Fue como a los once a\u00f1os que se le meti\u00f3 el diablo y se deschavet\u00f3. Siempre andaba sucia, con el mismo vestido ya ro\u00eddo de mangas amarillentas en las axilas que, aunque su madre se lo lavara, ya ten\u00eda impregnado un olor a humedad y sudor. La temporada de secas nos refresc\u00e1bamos en el agua helada de los r\u00edos y tambi\u00e9n en la que desembocaba de las cascadas. Amelia sol\u00eda ir con nosotros antes de perder la raz\u00f3n. Un d\u00eda lleg\u00f3 caminando descalza a la plaza del pueblo, justo cuando la misa acababa de terminar y todos se iban dispersando en los alrededores del quiosco. Lleg\u00f3 de entre la densa neblina del medio d\u00eda, tra\u00eda los pies negros y apestosos porque hab\u00eda atravesado las pendientes empedradas desde su casa hasta el centro.<\/span><\/p>\r\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-family: 'book antiqua', palatino, serif; font-size: 14pt;\">\u00a0 \u00a0Como cada domingo, hab\u00eda tianguis, as\u00ed que camin\u00f3 sobre restos de frutas, verduras, anticongelante de los taxis y hab\u00eda pisado la porquer\u00eda de los perros. Por si fuera poco, dobl\u00f3 en la calle de adoquines donde pon\u00edan a secar la cecina, y uno que otro pedazo se le meti\u00f3 entre los dedos de los pies. No sab\u00edamos si re\u00edrnos, compadecerla o tenerle miedo.<\/span><\/p>\r\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-family: 'book antiqua', palatino, serif; font-size: 14pt;\">\u00a0 \u00a0Cuando estaba cuerda era muy inteligente. Aprend\u00eda r\u00e1pido y era de las m\u00e1s abusadas en la escuela. Pensamos que ser\u00eda de esas que dejan el pueblo y les va bien, pero poco a poco dej\u00f3 de hablar. Cuando lo hac\u00eda era para decirnos incoherencias, como esa de que por las noches alguien susurraba su nombre y despu\u00e9s la espiaba a todas horas. Supusimos que quer\u00eda llamar la atenci\u00f3n. Despu\u00e9s dej\u00f3 de frecuentarnos, de bajar al centro y a la parroquia. Tampoco volvimos a verla en las festividades de San Sime\u00f3n, sus favoritas. Permanec\u00eda dentro del bosque y se escond\u00eda en las monta\u00f1as que colindaban con su casa, esa que estaba en el cerro m\u00e1s alto y que casi nunca se ve\u00eda porque la ocultaba la neblina.<\/span><\/p>\r\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-family: 'book antiqua', palatino, serif; font-size: 14pt;\">\u00a0 \u00a0Siempre andaba sola. Algunas noches se quedaba sentada en las banquitas de la plaza. Los vendedores de las tiendas de zarapes dec\u00edan que la ve\u00edan hasta muy tarde manoteando y discutiendo, en ocasiones tan fuerte, que cre\u00edan que de verdad peleaba con alguien; luego se acercaban para comprobar que estaba sola con alguno que otro perro callejero y la luna iluminando su cabello negro, negro. Entonces se callaba, apretaba los ojos y cuando volv\u00eda a abrirlos maldec\u00eda; lo que sea que estuviera viendo no se iba. Le gustaba pellizcarse bruscamente y a veces lo hac\u00eda tan fuerte que se sacaba sangre; si alguien la ve\u00eda justo en ese momento, se enterraba las u\u00f1as a\u00fan m\u00e1s para que le temieran con ganas. Qu\u00e9 loca est\u00e1 la Amelia, mira como ya trae los brazos y piernas llenos de costras, dec\u00edamos al verla.<\/span><\/p>\r\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-family: 'book antiqua', palatino, serif; font-size: 14pt;\">\u00a0 \u00a0Amelia perd\u00eda la raz\u00f3n y su familia se avergonzaba. Mor\u00edan de la pena cuando alg\u00fan vecino les preguntaba: \u201cLa edad le est\u00e1 pegando a la Amelia, \u00bfverdad?\u201d. La funci\u00f3n era los domingos, cuando aparec\u00eda en la iglesia a mitad del serm\u00f3n. Su cuerpo tra\u00eda la humedad de la llovizna y el olor del copal. Todos aguard\u00e1bamos el momento exacto en que empezar\u00eda a salirse de s\u00ed misma. Comenzaba haciendo ruidos extra\u00f1os, despu\u00e9s bailaba al ritmo enloquecido de la lumbre de las velas para nuestros santos; el cabello enmara\u00f1ado, que le ca\u00eda por todo el rostro, apenas dejaba al descubierto su mirada llena de maldad y rencor. Su vestido blanco ya le quedaba corto, todos est\u00e1bamos atentos al momento en que sus muslos se desnudaban. Finalmente, un par de monaguillos la tomaban por los brazos y la sacaban del lugar. Su madre, sentada siempre en la \u00faltima banca, intentaba pasar desapercibida y se cubr\u00eda el rostro con su velo negro, desgastado, polvoriento y deshilachado como la cordura de su hija. Los dem\u00e1s d\u00edas iba al mercado ya tarde, as\u00ed evitaba que otras mujeres la molestaran con lo de siempre: \u201cAmelita anda bien rebelde\u201d, \u201ccreo que necesita mano dura\u201d, \u201ces que le falta el padre, ojal\u00e1 no se hubiera ido al otro lado\u201d. La hermana de Amelia les dec\u00eda a sus novios fuere\u00f1os que era hija \u00fanica y su hermano bajaba la mirada cuando, estando con sus amigos, Amelita llegaba. Toda su familia prefer\u00eda callar e ignorar las suposiciones porque, la verdad, es que tampoco sab\u00edan qu\u00e9 le pasaba a la muchacha.<\/span><\/p>\r\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-family: 'book antiqua', palatino, serif; font-size: 14pt;\">\u00a0 \u00a0En una ocasi\u00f3n la llevaron con Don Jes\u00fas, un se\u00f1or que curaba todos tus males \u2014los propios y los creados por otros\u2014 con hierbajos y oraciones. No funcion\u00f3. Amelia se descompuso a mitad de la limpia; cay\u00f3 al piso y empez\u00f3 a contorsionarse. Fue Don Jes\u00fas quien insinu\u00f3 que la ni\u00f1a estaba pose\u00edda por alg\u00fan esp\u00edritu o demonio, porque sus remedios eran muy buenos y ella no se compon\u00eda. Le cre\u00edmos y a partir de eso, cuando nos encontr\u00e1bamos con ella, prefer\u00edamos esquivarla y cambiar de acera, ten\u00edamos miedo de ser agredidos u ofendidos, y lo peor, cre\u00edamos, lo que ella ten\u00eda dentro tambi\u00e9n te poseer\u00eda.<\/span><\/p>\r\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-family: 'book antiqua', palatino, serif; font-size: 14pt;\">\u00a0 \u00a0As\u00ed fue como Amelia se perturb\u00f3, su familia la ignor\u00f3, nosotros le temimos y eso a ella no le import\u00f3. Hubo periodos donde no la ve\u00edamos. Se rumoraba que andaba vagando en el pueblo vecino. Ten\u00edamos la creencia de que el vapor que aparec\u00eda despu\u00e9s de una lluvia incesante era \u201cel humo que la tra\u00eda de regreso\u201d porque cuando eso suced\u00eda, Amelia aparec\u00eda, cada vez m\u00e1s mayor, con el cabello m\u00e1s espeso y negro, las u\u00f1as m\u00e1s largas y duras en sus manos que parec\u00edan las de mujer anciana a pesar de ser adolescente, y su mirada tan vac\u00eda pero capaz de adivinar tus pensamientos y enchinarte la piel.<\/span><\/p>\r\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-family: 'book antiqua', palatino, serif; font-size: 14pt;\">\u00a0 \u00a0A los ni\u00f1os sol\u00edamos decirles que no salieran, que Amelia hab\u00eda regresado y que andaba por ah\u00ed, y tambi\u00e9n la us\u00e1bamos para reprenderlos: \u201cSi no comes, Amelia vendr\u00e1 por ti\u201d. Y con el tiempo ya todo fue culpa de Amelia. Los que se dedicaban al campo, por ejemplo, la maldec\u00edan por haber estropeado sus cultivos de caf\u00e9, porque por su \u201cchingada culpa\u201d la cosecha de esta temporada no estaba dando. Si los turistas no llegaban era por ella, por dar una terrible impresi\u00f3n corriendo por toda la plaza gritando tonter\u00edas, que ya ven\u00edan por ella, que se fueran, que no regresaran, que el pueblo estaba maldito y ella tambi\u00e9n. Entonces los locatarios sal\u00edan de sus negocios y la corr\u00edan como a un perro con la escoba: \u201cYa vete de aqu\u00ed, necia\u201d. Ella respond\u00eda con gru\u00f1idos y se les abalanzaba. Una vez que estaba de impertinente, dej\u00f3 a uno de los gu\u00edas de turistas con el cuello lleno de rasgu\u00f1os, entonces vino el resto de sus compa\u00f1eros y la subieron a una camioneta, se la llevaron bien lejos pero nunca supimos a d\u00f3nde ni lo que le hicieron. Cuando regresaron aseguraron que Amelia no volver\u00eda en un tiempo, que \u201cun buen escarmiento es lo que le hac\u00eda falta\u201d.<\/span><\/p>\r\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-family: 'book antiqua', palatino, serif; font-size: 14pt;\">\u00a0 \u00a0Cuando las cosas parec\u00edan mejorar y el pueblo prosperaba, llegaba Amelia con su mala suerte, trayendo el infortunio y las desgracias. Como cuando el hijito de Do\u00f1a Consuelo se perdi\u00f3, desapareci\u00f3 como si se lo hubiese tragado la Tierra. La \u00faltima vez que lo vieron fue subiendo el callej\u00f3n Quetzales. Todos participamos en su b\u00fasqueda. Fuimos bosque adentro, a las grutas, a las pozas, a la cascada m\u00e1s lejana, nunca apareci\u00f3. La familia no pudo con la tristeza y abandon\u00f3 el pueblo. Amelia soltaba carcajadas cuando las mam\u00e1s de otros ni\u00f1os la acusaban: \u201cT\u00fa te lo llevaste \u00bfqu\u00e9 hiciste con \u00e9l?\u201d, \u201cdevu\u00e9lvelo y te perdonamos\u201d, y lo que todos pens\u00e1bamos pero nadie se atrev\u00eda a decir: \u201c\u00a1Te lo comiste, bruja!\u201d. Amelia ten\u00eda un ataque de risa.<\/span><\/p>\r\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-family: 'book antiqua', palatino, serif; font-size: 14pt;\">\u00a0 \u00a0Con el tiempo crecimos y junto con el pueblo cambiamos. A los m\u00e1s j\u00f3venes les daba por escuchar esos corridos que ven\u00edan del norte. Su pasatiempo favorito era andar en la camioneta con la m\u00fasica a todo volumen y molestar a la Amelia, corretearla hasta sacarla a la carretera, lanzarle desperdicios y gritarle que ya estaba en edad de merecer. Y es que a pesar de su \u00edmpetu desastroso, era atractiva. Debajo de la piel ennegrecida, de las cicatrices por el da\u00f1o provocado a s\u00ed misma y del olor, hab\u00eda una mujer agraciada. Con sus acosos lograban que se fuera largos periodos y regresara pocas veces, hasta que su mam\u00e1 falleci\u00f3; entonces su familia se desmoron\u00f3 m\u00e1s de lo que ya estaba. Su hermana mayor se junt\u00f3 con un ranchero que se la llev\u00f3 lejos y su hermano dijo que le hab\u00edan ofrecido un buen trabajo, que har\u00eda los mandados para un se\u00f1or importante en otro estado. Amelia se qued\u00f3 sola. Su casa se hac\u00eda a\u00f1icos y ella tambi\u00e9n, los muros se ca\u00edan a pedazos y Amelia se avejentaba a prisa. Las canas comenzaron a invadir su cabello desordenado, la piel se le arrug\u00f3 como cart\u00f3n mojado y ahora usaba los vestidos oscuros de su madre. Incluso, una que otra vez, se le lleg\u00f3 a ver con el velo puesto. Luc\u00eda m\u00e1s aseada pero el olor a desdicha la segu\u00eda. Las venas parec\u00edan querer salir de sus brazos lastimados. Su caminar se volvi\u00f3 lento y parec\u00eda flotar entre los tejados rojos mientras sub\u00eda a su casa.<\/span><\/p>\r\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-family: 'book antiqua', palatino, serif; font-size: 14pt;\">\u00a0 \u00a0Unos cuantos logramos salir a tiempo del pueblo. Nos enteramos que otro ni\u00f1o se hab\u00eda perdido y que esta vez los vecinos iban a actuar. Subieron a la casa de Amelia, algunos se armaron de palos y piedras como si fuesen a enfrentarse al vivo demonio. El escarmiento que planearon se sali\u00f3 de control. La golpearon a pu\u00f1o cerrado en el rostro y ya en el piso patearon su cuerpo, ella no soltaba ni un palabra, ni un indicio de d\u00f3nde estaba el ni\u00f1o. Molestos rociaron gasolina a la casa y esta comenz\u00f3 a arder. La madre del ni\u00f1o lloraba, ped\u00eda que todo parara, no podr\u00eda sobrellevar dos culpas; el resto del pueblo celebraba sin escucharla. Como por obra de la mism\u00edsima Amelia, comenz\u00f3 a llover, el vapor lo cubri\u00f3 todo y los vecinos, poco a poco, se fueron retirando del lugar. Amelia permaneci\u00f3 sentada al pie de su casa, observando c\u00f3mo las llamas luchaban contra el agua por poseerla. Dicen que no llor\u00f3, pero su mirada cambi\u00f3. Como pocas veces parec\u00eda l\u00facida, concentrada. Al d\u00eda siguiente la noticia fue publicada en el peri\u00f3dico: un deslave hab\u00eda sepultado al pueblo.<\/span><\/p>\r\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-family: 'book antiqua', palatino, serif; font-size: 14pt;\">\u00a0 Cada que volvemos por los rumbos nos cuentan que donde una vez estuvo nuestro pueblo se escuchan risas, y all\u00e1 arriba, en la casa chamuscada de Amelia, a veces se logra ver una bola de fuego.<\/span><\/p>\r\n<\/div>\r\n<p>&nbsp;<\/p>\r\n<div class=\"column\">\r\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt; font-family: 'book antiqua', palatino, serif;\">*Gabriela Padilla (Canc\u00fan Quintana Roo, 1988) es licenciada en Ciencias y T\u00e9cnicas de la Comunicaci\u00f3n por la Universidad Interamericana para el Desarrollo y diplomada en Escritura Literaria por Literaria Centro Mexicano de Escritores. Se ha desarrollado como post productora audiovisual en las principales cadenas de televisi\u00f3n nacional, as\u00ed como publicado cuentos y rese\u00f1as en diversos medios digitales. Su cuento <em>En la palma de su mano<\/em> fue seleccionado para formar parte de \u201cMedusas, antolog\u00eda de cuento, microficci\u00f3n y ensayo\u201d, a publicarse este a\u00f1o.<\/span><\/p>\r\n<\/div>\r\n<\/div>\r\n<\/div>\r\n<\/div>\r\n<\/div>\r\n<\/div>\r\n<p><span style=\"font-family: 'book antiqua', palatino, serif; font-size: 14pt;\"><!-- \/wp:paragraph -->\r\n\r\n<!-- wp:paragraph --><\/span><\/p>\r\n<!-- \/wp:paragraph -->","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>&nbsp; Por Gabriela Padilla Jim\u00e9nez* Amelia se arrancaba los cabellos de tajo sin emitir sonido alguno de dolor. Dec\u00eda que era algo que ten\u00eda que hacer. Fue como a los once a\u00f1os que se le meti\u00f3 el diablo y se deschavet\u00f3. 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